Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles Pero esta palabra seguirá siendo un nombre vano, mientras al lado de la declaración de que todos los hombres son iguales, se produzca el hecho irritante, de que los mismos servicios y las mismas virtudes no merecen las mismas recompensas, que los mismos vicios y los mismos delitos no son igualmente castigados.
Por más que galopé tuve que dormir otra noche en el camino.
Al dÃa siguiente, temprano, llegaba a orillas del RÃo Quinto.
HabÃa andado doscientas cincuenta leguas, habÃa visto un mundo desconocido y habÃa soñado…
Las galas de abril embellecÃan el verde panorama de la Villa de Mercedes, donde los esbeltos álamos y los melancólicos sauces llorones crecen frondosos a millares.
El dÃa estaba en calma, mi alma alegre.
ReÃmos sin inquietud cuando debiéramos estar taciturnos o gemir.
¡Somos unos insensatos!
Y cuando tenemos un momento lúcido es para exclamar amargamente: ¡ay!…
Yo amo, sin embargo, el dolor y hasta el remordimiento, porque me devuelve la conciencia de mà mismo.