Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles Mientras se cambiaron esas palabras, yo volví en mí.
¿—Y dónde está la crucecita de tu hermano? —dijo el General.
En el cementerio de la Legión Paraguaya.
Entonces, tomando yo la palabra, como aquella desdichada mujer no podía dejar de interesarme, la dije:
—No, estás equivocada, la cruz de Gómez no esta ahí.
—Yo sé —murmuró.
Queriendo convencerla, le dije:
—Yo soy el jefe del 12 de línea, que era el cuerpo tu hermano.
—Yo sé —murmuró, retrocediendo con marcada impresión de espanto.
—Yo tengo los sueldos de tu hermano para ti; ven a mi batallón, que está en el reducto de la derecha, te los daré y te haré enseñar dónde está su cruz.
—Yo sé —murmuró.
Un largo diálogo se siguió. Yo pugnando por que la mujer fuera a mi reducto para darle los sueldos de su hermano e indicarle el sitio de su sepultura, y ella aferrada en que no, contestando sólo: Yo sé.
El general Gelly, picado por la curiosidad de aquel carácter tan tenaz, al parecer, la hizo varias preguntas:
—¿De dónde vienes?