Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles Al dÃa siguiente del velorio la mujer desapareció del ejército, sin que nadie pudiera darme de ella razón.
El único mérito que tiene este cuento de fogón, que aquà concluye es ser cierto.
No todas las historias pueden reivindicar ese crédito.
¿Si será verdad que el público no se ha dormido leyéndolo?
A los del fogón les pasaron distintas cosas.
Cuando yo terminé, unos roncaban, otros (la mayor parte) dormÃan.
Se oÃan sonar los cencerros de las tropillas; la luna despedÃa ya alguna claridad.
—¡A caballo, cordobeses! —grité—. ¡Se acabaron los cuentos!
Y todo el mundo se puso en movimiento, y un cuarto de hora después rumbiábamos en dirección a un oasis denominado Monte de la Vieja.
¡Buenas noches!, por no decir buenos dÃas, o salud, lector paciente.