Del arte de la guerra

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»También debe procurar quien va a dirigir una batalla que ni el sol ni el viento hieran de frente a sus soldados, porque uno y otro perturban la vista, aquél con los rayos y éste con el polvo. El viento, además, contrarresta el ímpetu de las armas arrojadizas, disminuyendo la violencia del golpe. En cuanto al sol, no sólo hay que evitar que hiera de frente al prepararse al combate, sino también que esto suceda cuando avance el día, para lo cual conviene tenerlo a la espalda al formar en batalla, a fin de que transcurra el mayor tiempo posible antes de dar de frente. Esta precaución la tomó Aníbal en Cannas y Mario en la batalla contra los cimbrios.

»Si vuestro ejército fuera muy inferior en caballería, formadlo entre viñas, árboles u otros obstáculos de esta índole, como lo hicieron los españoles cuando, en nuestros tiempos, derrotaron a los franceses en Ceriñola, en el reino de Nápoles[36]. Se ha visto muchas veces, teniendo las mismas tropas, convertirse un ejército de vencido en vencedor, con sólo variar el sitio y el orden de batalla. Así sucedió a los cartagineses, quienes, derrotados varias veces por Marco Régulo, fueron al fin victoriosos, cuando, por consejo del lacedemonio Xantippo, bajaron a la llanura, donde con su caballería y sus elefantes vencieron a los romanos.


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