Discursos sobre la primera decada de Tito Livio
Discursos sobre la primera decada de Tito Livio Las personas prudentes del séquito del papa advirtieron la temeridad del pontífice y la cobardía de Juan Pablo, no comprendiendo cómo este desaprovechó la ocasión de adquirir perpetua fama apoderándose, por un golpe de mano, de su enemigo, y enriqueciéndose con magnífica presa, pues al papa acompañaban todos los cardenales con sus preciosas joyas. Era increíble que dejase de hacerlo por benevolencia o por escrúpulos, pues ningún sentimiento de piadoso respeto cabía en hombre tan malvado, que abusaba de su hermana y había muerto, para reinar, a sus primos y sobrinos. De esto se deduce que los hombres no saben ser o completamente criminales o perfectamente buenos, y que, cuando un crimen exige grandeza de alma o lleva consigo alguna magnanimidad, no se atreven a cometerlo. Juan Pablo, que no se avergonzaba de ser públicamente incestuoso y parricida, no supo, o mejor dicho, no se atrevió, cuando tenía justo motivo para ello, a realizar una empresa capaz de producir general admiración, dejando de sí eterna memoria, por ser el primero que demostrara a los prelados cuán poco dignos de estimación son los que viven y reinan como ellos, y por ejecutar un acto cuya grandeza habría superado a la infamia y los peligros que llevara consigo.