Discursos sobre la primera decada de Tito Livio

Discursos sobre la primera decada de Tito Livio

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La ingratitud de que Escipión fue víctima nació de la desconfianza que inspiraba a los ciudadanos y que de ningún otro habían tenido; desconfianza excitada por la grandeza del enemigo a quien venció, por la fama que le dio terminar victorioso tan larga y peligrosa guerra, por la rapidez del triunfo y por el favor que su juventud, su prudencia y demás admirables cualidades le conquistaron.

Temieron hasta los propios magistrados la autoridad que a Escipión daban tantos méritos, y desagradó hasta a los más prudentes, como cosa inaudita en Roma. Parecía tan extraordinaria esta posición social, que Catón Prisco, reputado como el ciudadano más puro, fue el primero en oponerse a ella y en decir que no podía llamarse libre una ciudad donde viviese uno a quien hasta los magistrados temieran. Si el pueblo romano siguió en este caso la opinión de Catón tenía la excusa que, según antes dije, merecen los pueblos y los príncipes ingratos por sospechas.

Para terminar este capítulo, diré que, ocasionado el vicio de la ingratitud por avaricia o suspicacia, verase cómo los pueblos jamás la ejercen por avaricia, y aun por suspicacia, mucho menos que los príncipes, a causa de ser para ellos menores las ocasiones de temer, según demostraremos más adelante.


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