Discursos sobre la primera decada de Tito Livio
Discursos sobre la primera decada de Tito Livio La segunda causa consiste en que el odio en los hombres nace, o de temor o de envidia, y no lo pueden inspirar los sucesos antiguos, que ni tememos ni envidiamos. Pero lo contrario sucede con lo que se está viendo y manejando sin desconocer pormenor alguno, así los buenos como los desagradables, cosa que obliga a estimar los tiempos actuales muy inferiores a los antiguos, aunque en verdad merezcan los presentes mayor elogio y fama que los pasados.
No me refiero en esto a las obras de arte, cuyo valor es tan notorio que el transcurso del tiempo apenas aumenta o disminuye su mérito real y positivo, sino a la vida y las costumbres de los hombres, que no ofrecen tan claros testimonios.
Repito, pues, que es razonable la costumbre de alabar lo antiguo y censurar lo moderno, sin que en ello se incurra siempre en error, pues a veces, por el perpetuo movimiento ascendente o descendente de las cosas humanas, resultan los juicios exactos. Se ve, por ejemplo, una ciudad o un Estado bien organizados políticamente por un buen legislador, cuyo talento les hace caminar hacia la perfección; en tal caso, los que viven en dicho Estado y alaban más los tiempos antiguos que los modernos se engañan, causando su error los motivos antes mencionados. Pero los que nacen en el mismo Estado cuando ya se encuentra en decadencia y en él predomina el mal, no se equivocan.