Discursos sobre la primera decada de Tito Livio
Discursos sobre la primera decada de Tito Livio Lo contrario sucede cuando hay monarquía. La mayoría de las veces lo que hace el príncipe[154] para sí es perjudicial al Estado, y lo que hace por el Estado es opuesto a su personal interés[155]; de modo que, cuando una tiranía sustituye a un régimen liberal, lo menos malo para el Estado es no progresar ni aumentar poder y riqueza, y las más de las veces, si no siempre, empieza su decadencia. Y si la suerte hace que aparezca un tirano virtuoso que por su valor e inteligencia ensancha los límites de sus dominios, no será la utilidad para la república, sino para él; pues no puede enaltecer a ningún ciudadano valeroso y bueno de los que él tiraniza, si quiere librarse de rivalidades inquietantes[156].
Tampoco los Estados que conquista puede someterlos o hacerlos tributarios del que él domina, por no convenirle que este sea poderoso, sino que las nuevas adquisiciones estén disgregadas y dependientes solo de su autoridad personal. Sus conquistas son, pues, favorables a él y no a su patria[157].
Quien quiera demostrar esta opinión con otros infinitos argumentos, lea el tratado de Jenofonte titulado De la tiranía[158].