Discursos sobre la primera decada de Tito Livio
Discursos sobre la primera decada de Tito Livio Creo que una de las mejores reglas de prudencia que pueden usar los hombres es la de abstenerse de injurias y amenazas de palabra, porque ninguna de ambas cosas quita fuerza al enemigo. En cambio, aquellas engendran contra ti odio, y estas le obligan a ser más cauto y a emplear mayor industria en tu ofensa.
Bien se ve esto en el ejemplo de los veyenses, de quienes hemos hablado en el anterior capítulo. No contentos con causar a los romanos los males de la guerra, añadieron a ellos frases injuriosas cuyo uso deben prohibir los jefes prudentes a sus soldados, porque enardecen al enemigo y lo excitan a la venganza, sin quitarle, como he dicho, los medios de ofender; de manera que la injuria es un arma que se vuelve contra quien la emplea.
De esta verdad hubo un ejemplo notable en Asia. Sitiaba Amida el general persa Gabade, y, cansado de la duración del asedio, determinó no continuarlo y marcharse. Cuando levantaba el campamento, los habitantes de la ciudad acudieron a las murallas ensoberbecidos con la victoria, y no omitieron ninguna clase de injuria, vituperando y acusando de cobardía al enemigo. Irritado, Gabade mudó de propósito, y volviendo al asedio por la indignación que le produjeron las ofensas, a los pocos días tomó y saqueó la ciudad.
