Discursos sobre la primera decada de Tito Livio
Discursos sobre la primera decada de Tito Livio Los príncipes y las repúblicas deben, pues, procurar que no se cometan tales ofensas, ni contra los pueblos, ni contra los particulares; porque si un hombre es gravemente ofendido por un Estado o un individuo y no obtiene la reparación que juzgue necesaria, si es ciudadano de una república, procura vengarse aunque sea a costa de la ruina de su patria, y si súbdito de un príncipe, y tiene alguna altivez, no quedará satisfecho hasta que de algún modo se haya vengado de él, aun a costa de su propia vida.
El mejor y más elocuente ejemplo de esto que digo es el de Filipo de Macedonia, padre de Alejandro. Había en su corte un hermoso y noble joven llamado Pausanias, de quien se enamoró Atalo, uno de los personajes más importantes del reino. Solicitó este repetidas veces a Pausanias para que accediera a sus deseos y, rechazado siempre por el joven, determinó conseguir por engaño y fuerza lo que de otro modo le era imposible. Al efecto, organizó un espléndido banquete al que acudieron Pausanias y muchos otros señores ilustres. Cuando todos habían comido y bebido en abundancia, hizo sujetar a Pausanias, conducirlo a una estancia secreta, y allí, no solo satisfizo por medio de la violencia su liviandad, sino que, para mayor ignominia, hizo que muchos otros de los convidados lo atropellaran de igual modo.