Discursos sobre la primera decada de Tito Livio
Discursos sobre la primera decada de Tito Livio Obsérvese, pues, cuán vanas son la fe y las promesas de los que están desterrados de su patria. En cuanto a la fe, no se debe perder de vista que en cualquiera ocasión pueden por otros medios que los que tú les des volver a sus casas, y, por tanto, que te abandonarán y se unirán a otros a pesar de sus promesas; y en cuanto a las facilidades que prometen y a las esperanzas que dan, debe tenerse en cuenta que su grandÃsimo deseo de volver a la patria les hace creer, naturalmente, muchas cosas falsas e inventar muchÃsimas. Lo que ellos creen y lo que inventan, te infunden esperanzas y realizas un gasto inútil y una empresa ruinosa.
En prueba de ello, basta añadir al ejemplo ya citado de Alejandro de Épiro el del ateniense TemÃstocles, que, por rebelde, tuvo que acogerse a la corte de DarÃo en Asia, e hizo tantas promesas para cuando quisiera atacar Grecia, que este decidió emprender la campaña; pero no pudiendo TemÃstocles cumplirle lo ofrecido, o por vergüenza, o por temor al suplicio, se envenenó. Si un grande hombre como TemÃstocles cometió este error, calcúlese cuánto se equivocan los que, sin tener su talento y saber, se dejan arrastrar más fácilmente por la violencia de sus pasiones.
Deben, pues, los prÃncipes andar con tiento en acometer empresas aconsejadas por desterrados, porque las más de las veces solo producen la vergüenza de un fracaso o daños gravÃsimos.