Discursos sobre la primera decada de Tito Livio
Discursos sobre la primera decada de Tito Livio Cuando agitaban a Roma las desavenencias entre nobles y plebeyos, sobrevino una guerra y enviaron al frente de los ejércitos a Quintio y Apio Claudio. Era Apio cruel y severo en el mando, y fue mal obedecido, hasta el punto de que, casi derrotado, huyó de su provincia. Quintio, al contrario, por ser benigno y de bondadoso carácter, tuvo obedientes a sus soldados y alcanzó la victoria. De aquí se deduce que para gobernar a la multitud vale más ser humano que soberbio, piadoso que cruel. Sin embargo, Cornelio Tácito, cuya opinión siguen otros muchos escritores, declara lo contrario al decir: In multitudine regenda plus pena, quam obsequium valet[234].
Procurando armonizar ambas opiniones, distinguiré si tienes que dirigir hombres que de ordinario sean compañeros tuyos u hombres que son siempre súbditos. En el primer caso no se puede usar el rigor y la severidad de que habla Tácito; y como la plebe romana compartía el gobierno de la ciudad con los nobles, ninguno que temporalmente ejerciera autoridad sobre ella podía tratarla con crueldad y rudeza. Muchas veces se vio obtener mejor fruto a los generales romanos que se hacían amar de los ejércitos manejándolos bondadosamente, que a los que se hacían temer por modo extraordinario, si no tenían grandísimo mérito, como el de Manlio Torcuato.
