Discursos sobre la primera decada de Tito Livio
Discursos sobre la primera decada de Tito Livio Hubo en Roma al mismo tiempo dos excelentes capitanes, Manlio Torcuato y Valerio Corvino. De igual valor, y victoriosos ambos, tanto uno como otro aumentaron la gloria de su patria, venciendo a los enemigos; pero fueron de diverso proceder en lo tocante al trato con sus propios soldados, porque Manlio era severísimo, ocupándoles en constante y fatigoso trabajo, y Valerio, bondadoso siempre, los mandaba con paternal afecto. Para mantener la obediencia militar, Torcuato hizo matar a su propio hijo, y Valerio no castigó a nadie. A pesar de tan distinta conducta, uno y otro consiguieron iguales resultados contra los enemigos, en favor de la república y en provecho de su gloria. Con ellos, ningún soldado negose a pelear, o se rebeló o se apartó de la obediencia en lo más mínimo, aunque el mando de Manlio fuera tan duro que, para calificar después de extraordinariamente severa cualquiera disposición, se la llamaba manliana imperia.
Conviene examinar por qué Manlio procedió con tanto rigor y Valerio con tanta benevolencia; cuáles fueron las causas de que tan diferentes procedimientos produjeran iguales resultados, y, por último, cuál sea el mejor y de más útil aplicación.
