Discursos sobre la primera decada de Tito Livio

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CAPÍTULO XLVIII

Quedó Fulvio delegado en el ejército que los romanos tenían en Etruria mientras el cónsul fue a Roma con objeto de asistir a algunas ceremonias religiosas. Para ver los etruscos si caía en una celada, emboscaron tropas en sitio próximo al campamento romano, y algunos soldados, con traje de pastores, llevaron mucho ganado a la vista de los romanos, acercándose hasta el campamento atrincherado que estos ocupaban. Un atrevimiento tan poco natural admiró al legado y le hizo descubrir la celada, siendo vano el intento de los etruscos.

Este suceso prueba que el general de un ejército no debe fiarse de cualquier error evidente que cometa el enemigo, porque siempre ocultará alguna estratagema, no siendo razonable tanta imprudencia. Pero el deseo de vencer ciega a los hombres hasta el punto de no distinguir las verdaderas faltas de las simuladas, juzgándolas todas favorables a sus designios.

Vencieron los galos a los romanos junto al Allia; llegaron después a Roma, encontrando abiertas y sin guardas las puertas de la ciudad, y estuvieron un día y una noche sin entrar en ella, por temor a una celada y porque les era incomprensible que los romanos fueran tan cobardes e insensatos que les abandonaran la patria.


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