El PrÃncipe
El PrÃncipe CapÃtulo XXIV
Las reglas que acabo de exponer, llevadas a la práctica con prudencia, hacen parecer antiguo a un prÃncipe nuevo y lo consolidan y afianzan en seguida en el Estado como si fuese un prÃncipe hereditario. Por la razón de que se observa mucho más celosamente la conducta de un prÃncipe nuevo que la de uno hereditario, si los hombres la encuentran virtuosa, se sienten más agradecidos y se apegan más a él que a uno de linaje antiguo. Porque los hombres se ganan mucho mejor con las cosas presentes que con las pasadas, y cuando en las presentes hallan provecho, las gozan sin inquirir nada; y mientras el prÃncipe no se desmerezca en las otras cosas, estarán siempre dispuestos a defenderlo. AsÃ, el prÃncipe tendrá la doble gloria de haber creado un principado nuevo y de haberlo mejorado y fortificado con buenas leyes, buenas armas, buenos amigos y buenos ejemplos. Del mismo modo que será doble la deshonra del que, habiendo nacido prÃncipe, pierde el trono por su falta de prudencia.
