El PrÃncipe
El PrÃncipe A tan excelsos ejemplos hay que agregar otro de menor jerarquÃa, pero que guarda cierta proporción con aquéllos y que servirá para todos los de igual clase. Es el de Hierón de Siracusa, que de simple ciudadano llegó a ser prÃncipe sin tener otra deuda con el azar que la ocasión; pues los siracusanos, oprimidos, lo nombraron su capitán, y fue entonces cuando hizo méritos suficientes para que lo eligieran prÃncipe. Y a pesar de no ser noble, dio pruebas de tantas virtudes, que quien ha escrito de él ha dicho: «quod nihil illi deerat ad regnandum praeter regnum[1]». Licenció el antiguo ejército y creó uno nuevo; dejó las amistades viejas y se hizo de otras; y asÃ, rodeado por soldados y amigos adictos, pudo construir sobre tales cimientos cuanto edificio quiso; y lo que tanto le habÃa costado adquirir, poco le costó conservar.