El PrÃncipe
El PrÃncipe CapÃtulo IX
Trataremos ahora del segundo caso: aquel en que un ciudadano, no por crÃmenes ni violencia, sino gracias al favor de sus compatriotas, se convierte en prÃncipe. El Estado asà constituido puede llamarse principado civil. El llegar a él no depende por completo de los méritos o de la suerte; depende, más bien, de una cierta habilidad propiciada por la fortuna, y que necesita, o bien del apoyo del pueblo, o bien del de los nobles. Porque en toda ciudad se encuentran estas dos fuerzas contrarias, una de las cuales lucha por mandar y oprimir a la otra, que no quiere ser mandada ni oprimida. Y del choque de las dos corrientes surge uno de estos tres efectos: o principado, o libertad, o licencia.
