Fuimos soldados
Fuimos soldados En una reunión secreta, un antiguo amigo se le acerca, y en un murmullo le susurra: “Aquí ya no hay lugar para héroes, Lazarte. Todo aquel que intente sobresalir desaparece.” Pero Lazarte no ha regresado para convertirse en héroe. Con el peso de las traiciones y de sus propios fracasos, busca redimir su papel en una lucha que parece destinada al olvido.
El destino de Lazarte, como el de tantos otros combatientes caídos en el olvido, se diluye en el humo y las sombras de la represión. Ya no es un hombre, sino un fantasma que recorre las esquinas de una historia sin reconocimiento. En sus últimos momentos, no hay gloria, ni reconocimiento. Solo el vacío de una lucha que lo ha consumido. Cuando finalmente se encuentra cara a cara con la implacable maquinaria de la represión, Lazarte se siente extrañamente en paz, como si su vida completa, sus decisiones, sus errores y traiciones, lo hubieran llevado inevitablemente a este momento.
“No hay medallas, ni aplausos, ni promesas cumplidas,” murmura en un susurro, mientras el ruido de la ciudad parece mezclarse con el último latido de su corazón. “Solo esta noche, solo esta bala. Pero fui soldado.” La frase queda suspendida en el aire, un testamento silencioso a una vida de lucha y resistencia que ahora se apaga sin testigos, sin eco.
