Ellos ya saben (3I/Atlas)
Ellos ya saben (3I/Atlas) Al intensificarse mis trances, las visiones cristalinas se tornaron más precisas, más aterradoras. Lo que antes eran ciudades ciclópeas ahora se transformaba en escenas completas: océanos que se secaban en cuestión de segundos, lunas desgarradas por mareas imposibles, masas de criaturas arrastradas hacia abismos luminosos.
El laboratorio se llenaba de un resplandor extraño cuando yo pronunciaba aquellas sÃlabas. Era como si el mismo hielo respirara. Y aunque mis colegas trataban de mantener la calma, en sus ojos podÃa leerse lo que ninguno se atrevÃa a decir: lo que contemplábamos no era historia natural. Era una crónica de destrucción.
Comenzamos a comparar registros. Cada cápsula contenÃa no solo paisajes de grandeza extinta, sino también su final. Una estrella devorando sus planetas. Mareas de fuego atravesando ciudades semejantes a las nuestras. Formas gigantescas, vagamente humanoides, caminando entre los restos de civilizaciones quebradas. Las memorias no eran advertencias abstractas: eran ejemplos concretos de mundos perdidos.
