El cuento de la criada
El cuento de la criada Defred siente un nudo en el pecho. Moira, su amiga, su sÃmbolo de resistencia. Moira, que escapó del Centro Rojo, que no se dejó domesticar.
—¿Cómo…? —Defred tartamudea, pero no puede completar la pregunta.
Moira sonrÃe, amarga.
—Me atraparon.
—No…
—SÃ. Y me dieron una opción: las Colonias o esto.
Defred siente un escalofrÃo recorrerle la espalda.
—Asà que aquà estoy —dice Moira, con una risa sin alegrÃa—. No me digas que sigues creyendo en cuentos de hadas.
La respuesta se clava en su pecho.
Moira ha sido vencida.
Si Moira pudo ser doblegada, ¿qué esperanza le queda a ella?
Esa noche, cuando regresan, Defred se siente vacÃa.
El Comandante sonrÃe mientras se sienta en su sillón, satisfecho.
—¿No fue divertido? —pregunta.
Ella lo mira. Su rostro, su postura relajada. Él cree que le ha dado un regalo. Cree que ha hecho algo bueno por ella.