La tía Julia y el escribidor
La tía Julia y el escribidor Julia, que parecía tan segura, empieza a flaquear. Hay días en los que lo mira con ternura, con amor genuino. Otros, parece verlo como un niño extraviado. El escándalo ha comenzado a pesarle. Ella no es una adolescente. Ha vivido lo suficiente para saber cuánto duele fracasar en público.
Pedro Camacho, por su parte, da el salto definitivo al abismo. Un día, en medio de una grabación, se queda inmóvil frente al micrófono. Mira al vacío. No recuerda el guion. No recuerda si es el doctor asesino o el sacerdote ciego que lucha contra nazis zombis. La radio se detiene. Un silencio que retumba más fuerte que cualquier palabra.
Marito presencia el derrumbe. Y no puede evitar verse reflejado. ¿Es eso lo que le espera? ¿Convertirse en un escritor devorado por sus propias ficciones, por sus pasiones? ¿Perder el hilo de su propia historia?
En medio del desastre, la única certeza es Julia. Pero incluso ella se está desdibujando. No por falta de amor, sino por exceso de realidad. La tía Julia, que parecía invencible en sus tacones y sarcasmos, empieza a preguntarse si vale la pena seguir.