La tÃa Julia y el escribidor
La tÃa Julia y el escribidor —¿Tú crees que nos estamos volviendo locos? —le pregunta Julia una noche, mientras comparten una cerveza tibia en una habitación prestada.
—Ya estamos locos desde hace tiempo —responde él—. Y no quiero curarme.
Mientras tanto, el delirio de Pedro Camacho se intensifica. Sus radionovelas —un torrente diario de asesinatos, incestos, falsos milagros y abducciones alienÃgenas— se entrelazan de forma tan caótica que los personajes empiezan a repetir nombres, profesiones, incluso biografÃas, como si el escribidor hubiera comenzado a confundir sus mundos. En uno de sus radioteatros, un doctor se transforma en monja a mitad de capÃtulo sin explicación alguna. Pero el público sigue enganchado. Nadie sabe si se trata de arte vanguardista o demencia pura.
Varguitas observa con fascinación cómo el hombre que admiraba se autodestruye en cámara lenta. Pedro Camacho representa el espejo deformado de lo que él mismo podrÃa convertirse si se dejara devorar por sus historias.