Este dolor no es mÃo
Este dolor no es mÃo En el momento del trauma, el cuerpo activa sus mecanismos de supervivencia, como la respuesta de lucha, huida o congelamiento. Aunque estas reacciones son naturales y necesarias para enfrentar amenazas inmediatas, cuando el trauma no se procesa adecuadamente, estas respuestas quedan incrustadas en el sistema nervioso. Como resultado, las personas pueden experimentar sÃntomas como tensión muscular crónica, insomnio, fatiga inexplicable o dolores fÃsicos recurrentes.
El cerebro también se ve profundamente afectado por el trauma. Durante eventos traumáticos, partes del cerebro responsables de la lógica y el lenguaje, como la corteza prefrontal, pueden desconectarse. Esto deja a la persona incapaz de articular lo que ha sucedido, almacenando el trauma en forma de fragmentos sensoriales y emocionales que resurgen más tarde como recuerdos no integrados o reacciones automáticas.
Además, el impacto del trauma puede extenderse más allá de la persona directamente afectada. Cambios en la biologÃa, como alteraciones epigenéticas, preparan al cuerpo y la mente de las generaciones futuras para enfrentarse a amenazas similares. Por ejemplo, los hijos de sobrevivientes de traumas extremos, como guerras o genocidios, pueden heredar respuestas de estrés exacerbadas, incluso sin haber experimentado las mismas circunstancias.