Amalia
Amalia —Hago esto de ellas, mi querido maestro —y Daniel acercó el papel a la vela y lo quemó; y en seguida guardó todos los paquetes en un secreto del escritorio.
Luego tomó la pluma y escribió:
Mi querido Eduardo: He estado ayer con Amalia desde la oración hasta las once de la noche; y está enferma. La sorpresa de nuestra visita antenoche, y la ansiedad con que quedó al retirarnos le han hecho mal. Y cuando yo mismo he reflexionado sobre mi condescendencia contigo, te confieso que me he criticado a mí mismo.
La Mazorca continúa ensangrentándose. La cárcel, los cuarteles y el campamento son teatros de muerte que se agrandan por momentos; y tengo motivos para creer que todo esto no son sino preparativos de los crímenes en escala mayor que se preparan para octubre.
Todos hablan de esa casa, y se susurra que la atacarán. No creo, pero es necesario ponerse en todos los casos. Esta novedad ha llegado hasta oídos de Amalia. Quería, absolutamente, que tuviese lugar el matrimonio el primero de octubre, ya que tienes la resolución de no dejar el país hasta conquistar esa felicidad que tanto anhelas. Pero yo le he hecho ver que míster Douglas no puede estar aquí hasta el día 5, y ha tenido que resignarse a esperar.