Amalia
Amalia —Lo que había hecho era por mi conservación y por la tuya; y nunca te expliques de otro modo cuanto veas y oigas en derredor de mí. Yo les hago comprender una parte de mi pensamiento, aquella que únicamente quiero; ellos la ejecutan, y tú debes manifestarte contenta, y popularizarte con ellos; primero, porque así te conviene; y segundo, porque yo te lo mando. Entre usted, Victorica —continuó Rosas, dando vuelta su cabeza hacia la puerta, al ruido que hacían las pisadas del que entraba.