Amalia
Amalia Esta señora, sin embargo, no obraba por cálculo, no; obraba por pasión sincera, por verdadero fanatismo por la Federación y por su hermano; y ciega, ardiente, tenaz en su odio a los unitarios, era la personificación más perfecta de esa época de subversiones individuales y sociales, que había creado la dictadura de aquél. Época que no ha sido estudiada todavía, y que causará asombro cuando se haga conocer en ella todo cuanto puede relajarse la moral de una sociedad joven, cuando esa relajación es impelida por una mano poderosa que se empeña en eso; encontrando por resistencia apenas la moral y la virtud privada, que se dejan arrastrar indefensas y fácilmente en el torbellino de los cataclismos públicos, porque les falta la potencia irresistible de la asociación de ellas mismas. La asociación de las ideas, de las virtudes, de los hombres, en fin, no existía en ese pueblo, que creía, con el candor del niño, que bastaba para ser libre, grande y poderoso, el haber sido valiente en las batallas.