Amalia
Amalia »El señor Bello ha dicho que tres o cuatrocientos hombres serían bastantes para concluir con Rosas en la ciudad. Yo quiero creer que es bastante ese número; quiero más: quiero creer que están en Buenos Aires todavía todos los hombres de nuestra generación que han emigrado; más aún, todos los emigrados unitarios del año 29 y 30, y que somos dos, tres, cuatro mil hombres enemigos de Rosas. Pero ¿sabéis, señores, lo que esta cifra representa en Buenos Aires? Representa un hombre.
»Un partido no es poderoso por el número de sus hombres, sino por la asociación que lo compacta. Un millón de hombres individualizados no vale más, señores, que dos o tres hombres asociados por las ideas, por la voluntad y por el brazo.
»Estúdiese como se quiera la filosofía de la dictadura de Rosas, y se averiguará que la causa de ella está en la individualización de los ciudadanos. Rosas no es dictador de un pueblo; esto es demasiado vulgar para que tenga cabida en hombres como nosotros: Rosas tiraniza a cada familia en su casa, a cada individuo en su aposento; y para tal prodigio no necesita por cierto, sino un par de docenas de asesinos.