Amalia
Amalia Daniel entraba a los salones del baile a las doce de la noche, como se ha visto al final del capÃtulo VII.
Florencia paseaba por los salones y Daniel se dirigió a su prima, sentada al lado de aquella «intransigible» señora que parecÃa saber de memoria la biografÃa de cuantos allà estaban.
La señora de N… contestó algo frÃa al saludo de Daniel, y éste tomó la mano de Amalia, le dio su brazo y le dijo paseándola por la sala:
—¿Has conversado mucho con esa señora?
—No. Pero ella ha hablado desmedidamente.
—¿Sabes quién es?
—Es la señora de N…
—No; es el marido de la señora N…
—¿Cómo?
—Digo que en ese matrimonio están invertidos los sexos, ella es él, y él es ella.
—En cuanto a la mitad no tengo duda.
—Es la unitaria más intransigente; la porteña más altiva que creo ha existido jamás. Algo muy picante te decÃa al entrar yo, pues que te reÃas tanto.
—SÃ, me referÃa que la señora de Rolón convida a sus tertulias anunciando que se abren con café con leche.
—¡Oh!
—¿No es cierto?
