Amalia
Amalia Habiendo empleado el enemigo el día de ayer un furioso pero inútil cañoneo, que fue vigorosamente contestado, se resolvió al fin hoy, a la una de la tarde, a traernos el ataque. Para este fin marchó sobre nuestro flanco derecho casi toda su caballería, mientras que su artillería asestaba sus fuegos, pero no impunemente, al centro de la línea, por cuyo motivo el choque de nuestros escuadrones tuvo lugar a retaguardia de la posición que ocupábamos. Allí fueron acuchilladas esas ponderadas legiones de los traidores: quedando tendidos más de seiscientos, entre ellos dos coroneles y varios oficiales, y se les hicieron veintiséis prisioneros, incluso un capitán. Se dispersaron unos hacia el norte buscando la selva de Montiel, y otros en varias direcciones, hasta donde permitía perseguirlos el estado de nuestros caballos.
Entretanto, nuestra artillería no estaba ociosa, repeliendo con éxito los tiros de la enemiga, y nuestros batallones aguardaban con imperturbable serenidad la aproximación de los contrarios, que venían haciendo fuego, para descargar sus armas, como lo hicieron con tal acierto, que, acobardados los infames correntinos que escaparon con vida, se entregaron a la fuga antes de llegar a la bayoneta, arrojando las armas. Ya se me fueron presentado más de cien fusiles.