Amalia
Amalia —Son los peores, no tenga duda. Por ellos, por sus intrigas es que no tenemos paz, y los hombres no pueden trabajar y vivir con sus familias, que es lo que quiere Juan Manuel; ¿no le parece que ésta es la verdadera Federación?
—¡Pues no, señora!
—Vivir sin que nadie los incomode para el servicio.
—Pues.
—Y ser todos iguales, los pobres como los ricos, eso es Federación, ¿no es verdad?
—Sí, señora.
—Pues eso no lo quieren los salvajes unitarios; y por eso, todo el que descubre sus manejos es un verdadero federal, y tiene siempre abierta la casa de Juan Manuel y la mía para poder entrar y pedir lo que le haga falta; porque Juan Manuel no niega nada a los que sirven a la patria, que es la Federación; ¿entiende, paisano?
—Sí, señora, y yo siempre he sido federal.
—Ya lo sé, y Juan Manuel también lo sabe; y por eso lo he hecho venir, segura de que no me ha de ocultar la verdad si sabe alguna cosa que pueda ser útil a la causa.
—¿Y yo qué he de saber, señora, si yo vivo entre federales nada más?