Amalia
Amalia Daniel llegó a su casa, montó en su soberbio alazán, partió a gran galope para Barracas, tomando las peores calles de la ciudad para no encontrar obstáculos de tránsito que lo detuviesen, pues los del terreno los salvaba sin dificultad el superior caballo que montaba; pero todo era inútil, porque iba a llegar tarde a la quinta.
Cuando a las nueve de la mañana Daniel había dejado a su prima, para dirigirse a la ciudad, había dado orden a Fermín que lo esperase en Barracas, designándole las casas en que lo encontraría, en caso que ocurriese alguna novedad.
Una ocurrió en efecto. Poco rato después de su partida llegó a la quinta una carta para Amalia, en que se le anunciaba una visita de la policía, y la joven mandó dar aviso a Daniel de este suceso, por cuanto ella desconfiaba de su prudencia en presencia del insulto que iba a hacerse en su casa.
