Amalia

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Es probable que los sucesos nos vayan dando a conocer en adelante la vida y las relaciones de este joven, que después de entrar a su gabinete y colocar la lámpara sobre un escritorio, se dejó caer en un sillón volteriano, echó atrás su cabeza y quedó sumergido en una profunda meditación por espacio de un cuarto de hora.

—¡Sí! —dijo de repente, poniéndose de pie y separando con su mano los cabellos lacios de su frente. ¡No hay remedio, de este modo les tomo todos los caminos!

Y sin precipitación, pero como ajeno a la mínima duda, sin vacilación, sentóse a su escritorio y escribió las siguientes cartas, que leía con atención después de concluir cada una.

5 de mayo, a las dos y media de la mañana.

Hoy tengo necesidad de tu talento, Florencia mía, como tengo siempre necesidad de tu amor, de tus caprichos, de tus enojos y reconciliaciones para conocer una felicidad suprema en mi existencia. Tú me has dicho, en algunos momentos en que sueles hablar con seriedad, que yo he educado tu corazón y tu cabeza: vamos a ver qué tal ha salido la discípula.

Necesito saber, cómo se explica en lo de Doña Agustina Rosas y en lo de Doña María Ezcurra[29] un suceso ocurrido anoche por el Bajo de la Residencia: qué nombres se mezclan a él; de qué incidentes lo rodean; todo, en fin, cuanto sea relativo a ese acontecimiento.


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