Amalia

Amalia

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

En el exterior, por parte de la Francia sólo había la novedad del nombramiento del vicealmirante Baudin para el comando de una expedición militar al Plata, que parecía haberse resuelto con el fin de poner término a los asuntos pendientes. Y por parte del Estado Oriental, el general Rivera, entretenido en bailar y dar convites en su cuartel general en San José del Uruguay, divertido con versos del comandante Pacheco, contribuía con brindis a la cruzada argentina; bebiendo «porque la República Argentina anonadando al tirano que la ensangrienta, siga nuestro ejemplo, y comprenda que la única base de la felicidad de los pueblos es la que se funda en leyes justas y análogas a sus necesidades»; y en la de tener gobiernos morales, previsores y activos, le faltó decir al presidente Rivera.

En cuanto al pueblo de Buenos Aires, él tenía una fisonomía especial en ese momento: la fisonomía especial de la angustia, la fisonomía de la ansiedad. Cada minuto pesaba horriblemente sobre el espíritu.

Lavalle marchaba sobre la ciudad.

Rosas delegaba el gobierno en don Felipe Arana, y salía a esperar a Lavalle, o más bien, huía de la ciudad a su campamento de Santos Lugares, distante dos leguas.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker