Amalia
Amalia —¿Ahora mismo?
—Sí, no se debe perder tiempo.
—¿Y no cree Vuecelencia que este cura desnaturalizado me está esperando en la bocacalle?
—No lo creo, porque sería un gran desacato. Pero, en todo caso tome usted sus precauciones.
—¡Oh, las tomaré! Mis ojos se multiplicarán, no tenga cuidado Vuecelencia.
—No quiero que haya sangre.
—¡Sangre! Yo le juro a Vuecelencia que haré todo cuanto de mí dependa para que no corra una gota.
—Bien, eso es lo que yo quiero. Váyase usted a ver a las monjas, y vuelva a la noche.
—¿A la noche?
—Sí.
—Es la hora del crimen, Excelentísimo señor.
—No, no ha de haber nada, vaya nomás, que me voy a recostar un rato, antes que Pascualita haga poner la comida.