Amalia
Amalia ¡Si había miedo, era porque no había fe, porque no tenían la conciencia de su apostolado en la tierra; y había esto, porque la prostitución de la época, que filtraba sus gotas de veneno por los viejos muros de nuestros conventos, inficionaba el aire y corrompía las conciencias!…
¡Y mañana, cuando la revolución o la naturaleza tumbe la frente del tirano, y el pueblo, sin cadenas, se levante, ¡oh!, no toquéis entonces su conciencia, no le miréis el alma si queréis bajar a la tumba con una ilusión y una esperanza!
Veinte años no pasan sin dejar huella en el alma de las generaciones jóvenes. Y donde no se ha visto sino el escándalo y el crimen, el vicio, la apostasía y la prostitución de todas las nociones del bien, que envuelven la palabra y la práctica del Evangelio, en tan largo, en tan pesado tiempo, allí no encontraréis ni la religión, ni la moral; allí será precisa una propaganda y una acción sostenida por no menos tiempo, en sentido inverso del que arrulló la cuna y desenvolvió los instintos y el espíritu de un pueblo nuevo. Y cuando el ángel bueno de la patria vierta una lágrima al lado del pueblo, dormido sobre la almohada de sus pasiones solamente, sin que la fe y la creencia refresquen sus sienes con la imagen dulcísima de Dios, el nombre de la Federación y de Rosas «brillarán» fosfóricos en el aire que circunda al Plata.