Amalia
Amalia —Es inútil, Eduardo; vamos a reventar los caballos sin conseguir lo que deseas —decÃa Daniel, mientras que los caballos volaban.
—¿Y sabes lo que deseo?
—SÃ.
—¿Qué?
—Alcanzar a Mariño.
—SÃ.
—Pero no será.
—¿No?
—No lo conseguirás; y he ahà la razón porque me presto a tu capricho de que corramos como dos demonios por este camino, a riesgo de rompernos la cabeza de una rodada.
—Veremos si lo alcanzo.
—Nos lleva veinte minutos.
—No tanto.
—Y más.
—Al menos diez hemos reconquistado ya.
—¿Y si lo alcanzáramos?
—A Roma por todo.
—¿Qué?
—Que le busco pendencia y lo atravieso de una estocada.
—¡MagnÃfica idea!
—Si no es magnÃfica, a lo menos es terminante.
—¿Olvidas que son cuatro?
