El Manifiesto Comunista
El Manifiesto Comunista La revolución fue entonces por doquier obra de la clase obrera; fue la clase obrera la que levantó las barricadas y expuso su vida. Sólo los obreros de París tenían, al derrocar el gobierno, la intención expresa de derrocar el régimen burgués. Pero por conscientes que fueran del inevitable antagonismo existente entre su propia clase y la burguesía, ni el progreso económico del país ni el desarrollo intelectual de las masas obreras francesas habían alcanzado aún el grado que habría sido preciso para hacer posible una transformación de la sociedad. Los frutos de la revolución fueron, en consecuencia, cosechados por la clase de los capitalistas. En los otros países, en Italia, en Alemania, en Austria, en Hungría, los obreros no hicieron, desde el primer momento, más que ayudar a la burguesía a conquistar el poder. Pero en ningún país es posible la dominación de la burguesía sin la independencia nacional. Por eso, la revolución de 1848 debía conducir a la unidad y a la independencia de las naciones que hasta entonces no las habían conquistado: Italia, Alemania, Hungría; Polonia les seguirá a su debido tiempo.