La Comuna de Paris
La Comuna de Paris A pesar de que el proletariado socialista estaba dividido en numerosas sectas, la Comuna fue un ejemplo brillante de la unanimidad con la que el proletariado supo cumplir las tareas democráticas que la burguesía sólo podía proclamar. Sin ninguna legislación complicada, con toda sencillez, el proletariado, que había conquistado el poder, democratizó el régimen social, suprimió la burocracia y estableció que todos los cargos públicos fuesen electivos.
Pero dos errores destruyeron los frutos de la brillante victoria. El proletariado se detuvo a mitad de camino: en lugar de comenzar la «expropiación de los expropiadores», se puso a soñar con implantar la justicia suprema en un país unido por una tarea nacional común; instituciones tales como, por ejemplo, los bancos, no fueron incautadas; la teoría de los proudhonistas del «justo intercambio», etc., dominaba aún entre los socialistas. El segundo error fue la excesiva magnanimidad del proletariado: en lugar de eliminar a sus enemigos, que era lo que debía haber hecho, trató de influir moralmente sobre ellos, desestimó la importancia que en la guerra civil tienen las medidas puramente militares y, en vez de coronar su victoria en París con una ofensiva resuelta sobre Versalles, se demoró y dio tiempo al Gobierno de Versalles a reunir fuerzas tenebrosas y prepararse para la sangrienta semana de mayo.