La ideologia alemana
La ideologia alemana Fin del Antiguo Testamento
Si en el Antiguo Testamento nos ha servido como objeto de edificación la «única» lógica dentro del pasado, ahora tenemos ante nosotros el presente dentro de la «única» lógica. Ya hemos ilustrado suficientemente al «único» en sus múltiples «refracciones» antediluvianas, como hombre, como caucasiano caucásico, como cristiano acabado y perfecto, como la verdad del liberalismo humano, la unidad negativa de realismo e idealismo, etc. Con la construcción histórica del «yo», desaparece el «yo» mismo. Este «yo», el final de una construcción histórica, no es un yo corpóreo, carnalmente engendrado por hombre y mujer, que no necesita, para existir, de ninguna suerte de construcción; es un «yo» espiritualmente engendrado por dos categorías, «idealismo» y «realismo», una mera existencia discursiva.
El Nuevo Testamento, disuelto y resuelto ya con su supuesto anterior, el Antiguo Testamento, lleva una economía doméstica literalmente tan sabia como el Antiguo, a saber, «a través de diversas mutaciones», la misma, como se desprende del siguiente cuadro:
