La ideologia alemana

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Entre las categorías que no deben su origen tanto a la personalidad de Sancho como a la penuria general por la que atraviesan los teóricos alemanes figura a la cabeza la harapienta distinción, la perfección de lo harapiento. Como nuestro santo se revuelve en medio de contradicciones que «atormentan el alma», tales como las de lo singular y lo universal, el interés privado y el interés general, el egoísmo vulgar y la abnegación, etc., se llega por último a las más ruines concesiones y transacciones de ambos términos entre sí, que descansan a su vez en las distinciones más sutiles, cuya coexistencia paralela se expresa por medio de un «también», manteniéndose la separación entre los dos términos, a su vez, mediante un pobre «en tanto que». Tales harapientas distinciones son, por ejemplo, cómo los hombres se explotan los unos a los otros, pero nunca a costa del otro; en tanto que algo me es propio o me es inducido, la construcción de un trabajo humano y de un trabajo único, que coexisten entre sí, el uno al lado del otro; lo indispensable para la vida humana y lo indispensable para la vida única; lo que forma parte de la personalidad pura y lo que es objetivamente fortuito, en lo que san Max, desde su punto de vista, no tiene criterio alguno; qué pertenece a los andrajos y qué a la piel del individuo; de qué se desembaraza totalmente y de qué se apropia mediante la negación; hasta qué punto sacrifica simplemente su libertad o lo propio, allí donde sacrifica algo, pero solo en cuanto que propiamente no sacrifica nada; qué me mantiene en contacto con los otros como nexo y qué como relación personal. Una parte de estas distinciones es absolutamente andrajosa y otra pierde, por lo menos en Sancho, todo sentido y fundamento. Y como culminación y remate de esta andrajosa distinción puede considerarse la que se establece entre la creación del mundo por el individuo y el impulso que este recibe del mundo. Si Sancho, aquí, por ejemplo, se hubiese detenido a examinar más de cerca el impulso, en toda la extensión y con toda la variedad con que actúa sobre él, se pondría de manifiesto, a fin de cuentas, la contradicción de que, de una parte, [depende] ciegamente del mundo, mientras que, por otra parte, lo crea egoísta-ideológicamente. (Véase «Mi autodisfrute»). De haberlo hecho así [no empalmaría, unos junto a otros] sus «también» y sus «en cuanto que» ni pondría el trabajo «humano» al lado del trabajo «único», ni el uno frente al otro, como términos litigiosos, haciendo que el uno [se abalance] contra el otro, ni daría totalmente por supuesto al «egoísta uno [consigo mismo»] aunque sabemos que no necesita darse por supuesto, sino que constituye desde el primer momento el punto de partida.


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