La ideologia alemana
La ideologia alemana En su Voyage en Icarie, Cabet cita al azar, en los capítulos doce y trece, las opiniones de algunas autoridades antiguas y modernas en favor del comunismo. No tiene, al hacerlo, ni mucho menos, la pretensión de relatar un movimiento histórico. La burguesía francesa ve en el comunismo un personaje maldito. Bien, dice Cabet, voy a exponer ante vosotros algunos testimonios probatorios de los más respetables hombres de todos los tiempos que abonan el carácter de mi cliente; y Cabet procede como un abogado. Se las arregla para presentar bajo una luz favorable hasta los testimonios más contrarios. A un informe de defensa de un abogado no es cosa de exigirle fidelidad histórica. Basta con que un hombre famoso haya dicho, a propósito de lo que sea, algo contra el dinero, contra la desigualdad, contra la riqueza, contra los males sociales, para que Cabet se apresure a recogerlo, lo repita y nos pida a nosotros que lo repitamos, lo convierta en artículo de fe del hombre de que se trata, lo haga imprimir, aplauda y exclame con irónica bonhomie, dirigiéndose a su indignado burgués: Écoutex, ecoutez, n’etait-il pas communiste?[314]. Ninguno se le escapa, en esta búsqueda, ni Montesquieu, ni Sieyès, ni Lamartine, ni siquiera Guizot: todos comunistas malgré eux[315]. Voilà mon communiste tout trouvé![316].