La Sagrada Familia
La Sagrada Familia «El marido —continúa el señor Szeliga—, el portero Alfredo Pipelet, no constituye una pareja que le haga honor». Para consolarlo de esta desgracia, el señor Szeliga le convierte igualmente en una alegoría. Representa el lado objetivo del misterio, el misterio como chanza. «El misterio al cual sucumbe es una chanza, una broma que se le hace». Mejor aún, en su misericordia infinita, la dialéctica divina transforma a ese viejo desgraciado y casi chocho en un hombre fuerte en el sentido metafísico de la palabra, haciendo de él el representante muy digno, muy feliz y muy decisivo de la existencia misma del misterio absoluto. La victoria lograda sobre Pipelet constituye «la derrota más neta del misterio». «Un hombre perspicaz, animoso, que no se deja engañar por la broma».
«Todavía hay que dar un paso. Por su propia lógica, el misterio se ha reducido a una simple farsa, como lo hemos visto por Pipelet y Cabrion. Ahora es necesario que el individuo no se preste ya a representar esta estúpida comedia. Rigoletta realiza muy inocentemente este paso».
Cualquiera puede penetrar el misterio de esta farsa especulativa en el espacio de dos minutos y ponerlo él mismo en práctica. He aquí algunas indicaciones directrices:
Teorema: demostrar cómo el hombre se hace dueño de los animales.
