La Sagrada Familia
La Sagrada Familia Si, de acuerdo a la afirmación de la crÃtica absoluta, algunas de esas verdades muy simples, y de las cuales, en suma, nadie duda, han sido suficientes hasta hoy para ocupar a la historia, esta indigencia a la que reduce las experiencias anteriores de la humanidad prueban, en primer término, la indigencia de la crÃtica absoluta. Desde el punto de vista no-crÃtico, la historia más bien llega a la conclusión de que la verdad más complicada, la quintaesencia de toda verdad, es que los hombres se comprenden finalmente por sà mismos.
«Pero —continúa perorando la crÃtica absoluta—, las verdades que en tal forma aparecen luminosas a la masa y que se hacen completamente comprensibles por sà mismas… las verdades cuya demostración la masa considera superflua, no merecen de la historia que nos provea todavÃa una prueba expresa sobre ellas; después de todo, no entran en la tarea cuya solución persigue la historia».
Animada de un santo celo con respecto a la masa, la crÃtica le expresa la más delicada lisonja. Si una verdad es luminosa porque le resulta luminosa a la masa, si la historia se conforma frente a las verdades tenidas por tales en opinión de la masa, el juicio de la masa es absoluto, infalible; la ley de la historia que demuestra simplemente lo que no es luminoso para la masa, necesita, pues, ser probada. La masa prescribe a la historia, en consecuencia, su tarea y su ocupación.