La Sagrada Familia
La Sagrada Familia Junto a muchos pasajes verdes y lozanos de que mana rebosante la vida, La Sagrada Familia contiene también trechos resecos y agotados. Hay capÃtulos, principalmente los dos largos capÃtulos consagrados a analizar la increÃble sabidurÃa del honorable señor Szeliga, que someten a dura prueba la paciencia del lector. Si queremos formarnos un juicio de esta obra, debemos tener presente que se trata, a todas luces, de una improvisación. Coincidiendo con los dÃas en que Marx y Engels se conocieron personalmente, llegó a ParÃs el cuaderno octavo de la publicación de Bauer, en que este, aunque de modo encubierto, no por ello menos mordaz, combatÃa las dietas expuestas por ambos en los Anales franco-alemanes. Entonces se les ocurrió seguramente la idea de contestar al antiguo amigo en un tono alegre y burlesco, con un pequeño panfleto que habrÃa de aparecer rápidamente. Asà parece indicarlo el que Engels escribiese inmediatamente su parte, que abarcaba menos de un pliego impreso, quedándose asombrado cuando supo que Marx habÃa convertido el folleto en una obra de 20 pliegos; le parecÃa «curioso» y «cómico» que, siendo tan pequeña su aportación, su nombre figurase en la portada del libro, y hasta en primer lugar. Marx debió acometer el trabajo a su manera, concienzudamente, como todo lo que hacÃa, faltándole seguramente, según la conocida y hasta verdadera frase, tiempo para ser breve. Cabe también suponer que se extendiese todo lo posible para acogerse a la liberación de la censura de que gozaban los libros de más de 20 pliegos.