La Sagrada Familia
La Sagrada Familia Pero si la crítica es todopoderosa como Dios, también es, como Dios, soberanamente sabia y trata de armonizar su omnipotencia con la libertad, la voluntad y el destino natural de los individuos humanos.
«No sería la fuerza que hace época si no tuviera por efecto el hacer de cada uno lo que quiere ser y si ella no le asignara a cada uno, de manera irrevocable, el punto de vista que conviene a su naturaleza y a su voluntad».
Leibniz no podría fijar de manera más feliz la armonía preestablecida de toda la potencia divina y de la libertad y del destino natural del hombre.
Si la crítica parece pecar contra la psicología, no diferenciando entre la voluntad de ser algo y la capacidad de ser algo, no debemos olvidar que tiene razones decisivas para darnos como dogmática esta «distinción».
¡Pero fortifiquémonos para la tercera cruzada! Recordemos una vez más, todavía, que la crítica «hace a sus adversarios». Pero ¿cómo podría hacer a su adversario —la frase—, sin hacer frases?
La crítica abre su tercera campaña contra la «masa» mediante esta pregunta: «¿Cuál es el objeto de la crítica?».
