La Sagrada Familia
La Sagrada Familia Para esta apología de sí misma la crítica absoluta dispone de todo un vocabulario apologético: «Ni, a decir verdad, simplemente no observado, además había, aún completamente, a pesar —sin embargo, no solamente—, sino sobre todo, propiamente dicho, tanto, la crítica habría debido si hubiese existido la posibilidad y que por otra parte… pero se querrá admitir, no era entonces natural, no era inevitable, etc., tampoco, etcétera».
A propósito de los giros apologéticos del mismo género, la crítica absoluta se expresaba, no hace mucho tiempo, de la siguiente manera: «Aunque» y «sin embargo», «es cierto» y «pero», un no celeste y un sí terrestre; he aquí los fundamentos de la teología moderna, los zancos que utiliza para marchar, el artificio al que se limita toda su ciencia, el giro que retorna en todos sus giros, su alfa y su omega. (Entdecktes Christentus, p. 162).
La crítica absoluta no se conforma con demostrar, mediante su autobiografía, su omnipotencia particular «que crea, propiamente hablando, lo viejo tanto como lo nuevo». No se contenta con escribir ella misma la apología de su pasado. Ahora pide a terceros, al mundo profano íntegro, que realice la «tarea» absoluta, la «tarea importa más en este momento», es decir, la apología de los hechos y de las «obras» del señor Bauer.
