La Sagrada Familia
La Sagrada Familia En el terreno de la cuestión judía, la crítica ha ganado de más en más y, sin duda alguna, terreno al enemigo. En el n.º 1 de la Judenfrage, el trabajo de la crítica defendido por el señor Bauer era aún absoluto y había revelado la significación «verdadera y general de la cuestión judía». En el n.º 2, la crítica no «quería ni podía ir más allá de la crítica». En el n.º 3, aún debería dar un paso, pero ese paso era «imposible… porque… imposible». No es «porque ella no haya podido ni querido»; porque se encontraba enredada en su contrario, no dio ese paso único. Valientemente habría franqueado la última barrera, pero un último resto de la masa quedaba, desgraciadamente prendido a sus botas de siete leguas.
La escasa comprensión de la masa ha obligado al espíritu, y la crítica ha obligado al señor Bauer a mirar la Revolución francesa no como la época de las tentativas francesas en el «sentido prosaico», sino «simplemente» como «el símbolo y la expresión fantástica» de las propias elucubraciones críticas del señor Bauer. La crítica hace enmienda honorable de su propio «error», sometiendo a la revolución a un nuevo examen. Al mismo tiempo castiga al raptor de su inocencia, a «la masa», comunicándole los resultados de ese nuevo examen.
