La Sagrada Familia
La Sagrada Familia La crÃtica crÃtica, que se siente herida y que en todos los asuntos de fe es, además, susceptible como una solterona, no se deja engañar con esas distinciones y semihomenajes. «Se ha engañado usted —responde— si cree ver su adversario en el partido que diseña al comienzo de su carta; más bien confiese —¡y aquà viene la terrible fórmula de anatema!— que es usted un adversario de la crÃtica misma». ¡El infeliz! ¡El pobre! ¡Un adversario de la misma crÃtica! No obstante, en el fondo de esta polémica vulgar, la crÃtica crÃtica expresa el respeto que experimenta ante las investigaciones naturales y de la industria. «¡Nos inclinamos ante las investigaciones naturales! Nos inclinamos ante James Watt, pero —¡gustad este giro verdaderamente sublime!— no nos inclinamos absolutamente ante los millones que ha conseguido para sus primos y primas». ¡Inclinémonos con respeto delante del respeto de la crÃtica crÃtica! En la misma carta en que la crÃtica crÃtica acusa a la mencionada sociedad berlinesa de pasar por encima de trabajos excelentes y sólidos, sin estudiarlos, y de despachar una obra diciendo que hace época, en esa misma carta se desembaraza de todas las investigaciones naturales y de la industria, declarando que se inclina respetuosamente ante ellas. La restricción que la crÃtica crÃtica aporta al respeto que pretende sentir por las investigaciones naturales, recuerda a los primeros rayos lanzados por el difunto caballero Krug contra la filosofÃa natural.