La Sagrada Familia
La Sagrada Familia Después de haber dado esos informes a su corresponsal curioso, representante de la masa, la crítica crítica tiene el derecho de decir de su Literaturzeitung: «Aquí practicamos la crítica pura, que representa y toma las cosas tal como son sin agregarles nada». En ella no se da nada personal; en resumen, no se da nada más que la crítica vacía, esto es, la crítica que termina por no tener nada de crítica. La crítica hace imprimir los pasajes que ha subrayado con lápiz azul y alcanza su apogeo en los extractos. Wolfgang, Menzel y Bruno Bauer se tienden una mano fraternal y la crítica crítica se encuentra en el punto en que se encontraba, a principios de este siglo, la filosofía de la identidad, cuando Schelling protestaba contra las pretensiones de la masa, que le acusaba de querer dar algo, no importa qué, como la filosofía pura y como completamente filosófica.
El tierno corresponsal, a cuya instrucción acabamos de asistir, mantenía relaciones sentimentales con la crítica. En él, la tensión entre la masa y la crítica sólo es indicada de manera idílica. Los dos extremos de la antinomia histórica guardan maneras corteses y bondadosas y, por consecuencia, esotéricas.
