La Sagrada Familia

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III. La masa crítica no-crítica, o la crítica y la sociedad berlinesa

La crítica crítica no ha logrado darse como oposición esencial y, por consecuencia, como objeto esencial de la humanidad en masa.

Incluso sin hablar de los representantes de la masa empedernida —que reprueba a la crítica crítica el no tener objeto y le hace comprender de la manera más galante que aún no ha terminado su muda espiritual y debe adquirir ante todo conocimientos sólidos—, el mismo tierno corresponsal no constituye una oposición y únicamente a título personal trata de aproximarse a la crítica crítica. Como se puede deducir por la continuación de su carta, en realidad quiere conciliar su religión por el señor Arnold Ruge con su religión por Bruno Bauer. Esta tentativa de conciliación honra a su buen corazón, pero no constituye en nada un interés de la masa. El último corresponsal, finalmente, no formaba ya, en realidad, parte de la masa, sino como catecúmeno de la crítica crítica.

Por lo demás, la masa es un objeto indeterminado que, en consecuencia, no podría ejercer una acción determinada ni anudar relaciones determinadas. Tal como es objeto de la crítica crítica, la masa nada tiene de común con las masas reales que forman, entre sí, además, contrastes muy considerables. Ella misma se ha hecho su masa, lo mismo que si el naturalista, en lugar de hablar de clases determinadas, se representara la clase.


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