La Sagrada Familia
La Sagrada Familia La crÃtica crÃtica no ha logrado darse como oposición esencial y, por consecuencia, como objeto esencial de la humanidad en masa.
Incluso sin hablar de los representantes de la masa empedernida —que reprueba a la crÃtica crÃtica el no tener objeto y le hace comprender de la manera más galante que aún no ha terminado su muda espiritual y debe adquirir ante todo conocimientos sólidos—, el mismo tierno corresponsal no constituye una oposición y únicamente a tÃtulo personal trata de aproximarse a la crÃtica crÃtica. Como se puede deducir por la continuación de su carta, en realidad quiere conciliar su religión por el señor Arnold Ruge con su religión por Bruno Bauer. Esta tentativa de conciliación honra a su buen corazón, pero no constituye en nada un interés de la masa. El último corresponsal, finalmente, no formaba ya, en realidad, parte de la masa, sino como catecúmeno de la crÃtica crÃtica.
Por lo demás, la masa es un objeto indeterminado que, en consecuencia, no podrÃa ejercer una acción determinada ni anudar relaciones determinadas. Tal como es objeto de la crÃtica crÃtica, la masa nada tiene de común con las masas reales que forman, entre sÃ, además, contrastes muy considerables. Ella misma se ha hecho su masa, lo mismo que si el naturalista, en lugar de hablar de clases determinadas, se representara la clase.
